111. Soy tuyo
Roberto Abad Rocamonte
Abrí la puerta de mi departamento con Lily en brazos, como si no pesara nada. Su risa suave vibró contra mi pecho y, por un instante, me olvidé de todo lo que pasamos en los últimos días.
—Roberto, no tenías que cargarme —se burló, divertida, su voz dulce raspándome por dentro.
La miré de reojo sin detener mis pasos.
—Quería hacerlo —respondí—. Además… aún no puedo creer que aceptaras venirte a quedar conmigo unos días.
Ella frunció los labios, ese gesto siempre me volví