33. Él la veía con deseo II
Ahí estaba. Aún de pie frente al departamento. Su figura erguida y solemne contrastaba con la calidez del pasillo. Nuestras miradas se encontraron y sentí un estremecimiento recorrer mi cuerpo. Él sonrió apenas, esa media sonrisa que parecía tan suya, contenida y a la vez poderosa.
—Lo siento… yo… mi amiga… no quiso —tartamudeé, sintiendo que el rubor me subía al rostro. Qué vergüenza.
Él me silenció suavemente, posando su dedo índice sobre mis labios.
—No te preocupes… —susurró, y luego desvió