34. Era atracción I
Ana Paula Lago
Salimos de la habitación y encontramos al señor Arturo sentado en uno de los sillones de la sala de estar. En cuanto nuestras miradas se cruzaron, él se incorporó de inmediato con esa cortesía que parecía inherente a su carácter. Lili, muy oportuna, anunció que se iría a bañar, pues teníamos poco más de una hora para arreglarnos; además, ella era la novia del festejado, así que debía estar impecable. Y entonces… nos quedamos a solas.
El silencio se llenó de una tensión invisible