Capítulo 13.
Maleya.
No sé cómo llamarle a la acción que me dejó viendo el teléfono por más tiempo del que uso para verme al espejo. Incluso no recuerdo cuando lo solté, pero sí siento que estoy perdiendo la razón.
Me aferro al reflejo que alguna vez tuve, por ello decido salir a correr de nuevo por horas de la tarde. Dos horas. Tres. En realidad no veo el tiempo, solo siento mis piernas ardiendo por dentro cuando regreso.
Me he de ver como alguien que perdió coherencia, pero el corazón no me deja de solta