Capítulo 22.
Maleya.
Obligo a mi cabeza a volver donde siempre debió permanecer.
En el trabajo y en los números. En las decisiones que todavía dependen de mí.
Compartir pensamientos con un desquiciado nunca fue un buen negocio, y mucho menos convertir sus palabras en el eje de mi día. Tess tiene razón en algo. Todavía puedo controlar lo que hago para conseguir lo que el Halcón quiere. Lo que no puedo permitirme es que también controle la manera en la que pienso.
Me repito esa idea durante horas, aunque al c