Maleya Becerfom.—Solo necesito una hora, mamá —ella me mira como si le pesara darme la respuesta, pero la conozco lo suficiente para saber que no es así. —Sabes que volveré.—Eso no me preocupa, mi niña —se levanta de su sitio mientras la brocha que Tess sostiene se desliza por mi pómulo. —Lo que no me gusta es ese apego que tienes hacia una tumba. Si no estuviera segura de que apenas los conocías, incluso podría pensar que te enamoraste de esos...Siendo específica, pensaría que sentiste algo por él. Niego de inmediato, y sabe que digo la verdad. Sí, apenas los conocí, pero yo le di paso a todo. —No me mires así —se encamina a la puerta. —Protejo tu dignidad, Maleya. Si alguien percibe que sientes culpa por tonterías, se agarran de eso para tirarte al piso y eres mi hija —Zelda, tan elegante como fría, me clava los ojos—. Tú no perteneces ahí. No le contesto, pero Tess me acaricia la cara al saber que esa afirmación, en una ocasión, no fue del todo cierta. Esa noche debió ser esp
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