La sangre en el pavimento brillaba bajo las luces del exterior, formando un halo grotesco alrededor de la cabeza de Erick, quién yacía completamente inconciente a pesar de los minutos que habían transcurrido. Lorena lo sostenía contra su pecho, sus dedos temblorosos manchados de rojo al intentar taponar la herida en su sien. Catalina, observaba la escena con horror.
—¡Llamen a una ambulancia! —gritó Catalina, cayendo de rodillas junto a ellos. El tul del vestido se desgarró contra el concreto,