La luz del amanecer se filtraba entre las persianas semiabiertas, pintando rayas doradas sobre la sábana arrugada que cubría a Catalina. Entre sueños, percibió el aroma a café recién hecho y pan tostado. Al abrir los ojos, vio a Erick de pie junto a la cama sosteniendo una bandeja con dos tazas humeantes y tostadas untadas generosamente con mantequilla derretida. Llevaba solo el pantalón del traje del día anterior, desabrochado en la cintura, y su cabello alborotado le daba un aire sensual y sa