Valentina sostenía los documentos entre sus manos temblorosas. El contrato detallaba cláusulas que ella jamás había leído, términos fríos que le recordaban que todo aquello había comenzado como un simple acuerdo, una transacción entre dos desconocidos.
Sintió que el aire se volvía más denso en el despacho, como si el papel le robara el oxígeno.
—¿Esto es todo lo que soy para ti? —preguntó sin levantar la voz, pero con una herida abierta en cada palabra.
Alejandro, que acababa de entrar, se detu