Un año después de la publicación, “La Rosa Blanca” abrió sus puertas oficialmente como fundación. La mansión Blackwood, que durante décadas había sido un lugar privado y casi mítico, ahora recibía a veinte personas cada semana. No eran solo curiosos. Eran hombres y mujeres que cargaban historias pesadas: matrimonios destruidos por traición, amores que comenzaron con violencia, parejas que se odiaban y se deseaban con la misma fuerza.
Sophia había establecido reglas claras: nada de sensacionalis