A la mañana siguiente, la mansión Blackwood amaneció bajo un cielo gris plomizo.
Isabella Rose no había dormido. Se quedó toda la noche en el invernadero, mirando el rosal antiguo como si esperara respuestas. Damian bajó al amanecer, con ojeras profundas y una expresión que mezclaba furia y preocupación.
—Mi padre no se va a detener —dijo sin rodeos—. Anoche hablé con un viejo amigo de la familia. Me dijo que está reuniendo documentos antiguos para demandarnos. Quiere probar que la mansión fue