El padre de Damian dio un paso adelante. Los dos hombres que lo acompañaban se quedaron atrás, esperando órdenes. Isabella Rose se mantuvo firme, aunque sentía el corazón latiéndole en la garganta.
—¿Cree que puede venir a mi casa y amenazarme? —preguntó ella con voz gélida.
—No estoy aquí para amenazarla —respondió Richard Voss—. Estoy aquí para ofrecerle un trato. Cinco millones de dólares y la garantía de que mi hijo nunca volverá a ser molestado por esta familia. A cambio, usted le dice que