Cien años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en una luz suave y dorada.
Era una mañana de primavera. El sol entraba por las ventanas abiertas, iluminando la habitación principal con una calidez que parecía abrazar todo. Isabella, de ciento cincuenta y dos años, estaba acostada en la misma cama que había compartido con Ethan durante más de nueve décadas. Su cuerpo era frágil, su respiración lenta, pero sus ojos verdes seguían brillando con esa fuerza tranquila que nunca se apagó del to