—¡Feliz cumpleaños, mi amor!
Alexander entró en la habitación de la joven, sosteniendo en su mano un ramo de girasoles. Las flores eran de un amarillo intenso, igual que el sol, su brillo no solamente resaltaba lo especial del día, sino que además eran las favoritas de su amada.
—Gracias—sonrió Hazel, recibiendo aquel lindo detalle.
Era su cumpleaños número dieciocho y seguía en silla de ruedas. Habían sido meses difíciles, donde la depresión no había dejado de tocar a su puerta.
¿Qué hacer?