La sonrisa que Marta había mantenido esa mañana se fue desdibujando a medida que pasaban los minutos en ese lugar.
Desimuladamente, se dedicó a posar sus ojos marrones en el par de hermanos. Su pareja, Alexander, le lanzaba significativas miradas a la menor de tanto en tanto, mientras esta hacía su mejor actuación ignorándolo. El corazón de la mujer empezó a sentir un pinchazo tras pinchazo.
«¿Qué significaban esas miradas?» se preguntó, percatándose de que nadie más parecía notarlas.
—Hace u