El frío de los Alpes no era una simple temperatura; era una entidad física que te robaba el aliento y cristalizaba los pensamientos. Después de horas de marcha forzada a través de senderos forestales que solo Marcus parecía conocer, llegamos a una estructura que apenas se distinguía de la roca y el pino: una cabaña de troncos oscuros, medio enterrada por la nieve acumulada, situada en el borde de un desfiladero que caía directamente hacia el vacío negro del valle.
Marcus apenas podía mantenerse