Luciano sintió cómo el aire se le atoraba en el pecho en el mismo instante en que ella giró el rostro.
El mundo se detuvo.
No hubo ruido, no hubo tránsito, no hubo colegio, ni niños, ni tiempo. Solo ella. Solo ese rostro que había aprendido a recordar con dolor, con rabia, con culpa. Ese rostro que había visto miles de veces en sueños y pesadillas. Ese rostro que había llorado en silencio durante años creyendo que jamás volvería a verlo.
Gabriela.
Más delgada. El cabello recogido de forma senci