La noche cayó lentamente sobre la mansión, envolviéndola en un silencio espeso que solo era interrumpido por el murmullo lejano de la ciudad. Las luces exteriores se encendieron una a una, delineando la arquitectura imponente de la casa, mientras dentro, la vida seguía su curso con una calma que parecía ensayada.
Bianca estaba en la sala, sentada en uno de los sofás grandes, con las piernas recogidas bajo su cuerpo. Tenía un libro abierto sobre las rodillas, pero hacía rato que no pasaba la página. Sus ojos recorrían las líneas sin leerlas realmente. Pensaba en Luciano.
Mateo estaba en el suelo, armado con piezas de construcción, creando algo que solo existía con claridad en su mente. Tarareaba una melodía inventada, concentrado, aunque de vez en cuando levantaba la mirada hacia la puerta principal.
Carla, sentada en una butaca cercana, observaba la escena con una mezcla de ternura y alerta. Aún no se había ido a su departamento. Había dicho que se quedaría un rato más, pero la verdad