El día comenzó frío y gris, como si la ciudad misma reflejara el ánimo que Bianca llevaba en el pecho. Su celular vibró apenas abrió los ojos. Se quedó unos segundos mirando la pantalla antes de tomarla. Era un mensaje de Patricia.
"Ya está tarde y no has venido a la oficina. ¿Estás enferma o es que acaso te enteraste de la verdad?"
Bianca cerró los ojos y dejó escapar un suspiro. La rabia y la tristeza la golpearon al mismo tiempo. Su corazón aún dolía por lo que había sucedido con Luciano, por la mentira que él le había ocultado, y ahora esa mujer aparecía para recordarle que nadie podía quedarse tranquilo.
Se quedó un largo rato en la cama, abrazando la almohada. Mateo dormía plácido a su lado, ajeno al mundo, aunque ella sabía que pronto lo despertaría. Sentía que todo el mundo la empujaba a un abismo del que no sabía si podría salir.
Finalmente, se levantó. Tomó una ducha tibia, pero ni el agua ni el vapor lograban calmar la tensión que la ahogaba. Cada pensamiento la llevaba de