La noche había caído sobre la ciudad, silenciosa, con un aire frío que se colaba por las rendijas de la ventana. Bianca yacía en la cama, cubierta hasta los hombros con la manta, pero ni siquiera eso le ofrecía consuelo. Sus párpados estaban pesados, pero la mente no encontraba descanso. Cada sombra, cada ruido lejano, parecía traer consigo recuerdos de los últimos días: la mentira de Luciano, los mensajes de Patricia, las miradas de Natalia. Todo estaba revuelto en su cabeza, y pronto, la oscu