Capítulo 46: Miradas que cortan como vidrio.
La música seguía envolviendo el salón con un ambiente elegante, casi etéreo. Las conversaciones se entrelazaban como hilos invisibles; risas discretas, tintineos de copas y murmullos que escondían alianzas o traiciones. Mientras Luciano y Bianca bailaban en medio de la pista bajo las luces doradas, en el extremo derecho del salón alguien permanecía inmóvil, luchando contra un torbellino de emociones.
Natalia.
De pie, con la espalda recta y las manos gráciles tomadas frente a ella, observaba sin pestañear la figura de Bianca riendo suavemente mientras giraba de la mano de Luciano. Cada giro era como un recordatorio ardiente: ese hombre que alguna vez la amó sin condiciones… ahora solo tenía ojos para otra.
Y no para cualquier otra.
Para Bianca López.
La heredera que se encargó de reconstruir un imperio que muchos pensaron perdido.
Una mujer que parecía irradiar una luz imposible de imitar.
Natalia sabía perfectamente que ella tenía poder, tenía influencia, contactos… pero ante Bianca,