Capítulo 38: Entre miradas y silencio.
La noche cayó sobre la mansión López con un aire denso, casi espeso, como si cada rincón guardara un susurro pendiente. Bianca había logrado cenar algo con Mateo antes de que él se fuera al colegio por la mañana, pero desde entonces no había probado bocado. El enojo seguía ahí, enroscado en su pecho como un nudo difícil de desatar. La imagen de la camisa manchada de labial y de la prenda íntima que no era suya seguía golpeando su mente una y otra vez.
Luciano, en cambio, estaba cada vez más inquieto. No entendía por qué ella lo evitaba, por qué el silencio era tan frío, por qué sus ojos parecían esconder una tormenta. Hizo varios intentos de acercarse, pero Bianca no quería hablar, no quería mirarlo, no quería nada.
Luciano decidió ir tras Mateo, el niño no siquiera se había dado cuenta de que su padre ya había regresado del viaje.
Subió las escaleras, tocó la puerta del cuarto de Mateo y habló con tono suave.
–Soy yo… ¿puedo pasar?
–¡Papi! –dijo Mateo abriendo la puerta de inmediato,