Capítulo 39: Abrazos de mamá.
La habitación de Mateo estaba en completa calma, apenas iluminada por la luz tenue de la lamparita de dinosaurios que él siempre dejaba encendida por las noches. Bianca se acomodó en la cama y Mateo enseguida se pegó a ella, metiéndose bajo su brazo como si buscara protección. Era curioso: horas antes había insistido en que le gustaba dormir solo, que él ya era “grande”, que no le gustaba que lo abrazaran mientras dormía.
Pero ahora, con su mamá ahí, se acurrucaba como un gatito.
Bianca sabía q