Las oficinas de Del Valle Corporation estaban en silencio. La noche había caído sobre la ciudad y la mayoría de los empleados se habían ido a sus casas, pero Raúl Fernández seguía en su escritorio, frente a la pantalla de su ordenador, con los dedos volando sobre el teclado.
Llevaba días nervioso. Desde el encuentro con Elías en su oficina, no podía quitarse de encima la sensación de que algo iba mal. Su primo lo había sorprendido copiando información, y aunque había logrado despistarlo con la