La mañana en la mansión de Los Olivos tenía esa calma tensa que precede a las tormentas. Bianca había pasado la noche en vela, planeando sus siguientes movimientos. Sabía que no podía seguir fingiendo para siempre. Sabía que tarde o temprano tendría que actuar. Pero antes, necesitaba información. Necesitaba que Francisca y Patricia se sintieran tan seguras, tan confiadas, que terminaran delatándose solas.
Y para eso, necesitaba crear la oportunidad perfecta.
Bajó a la cocina, donde Francisca ya