La mañana en Del Valle Corporation transcurría con su ritmo habitual de teclados, teléfonos y murmullos de oficina. Raúl Fernández estaba en su escritorio, como cada día, con su apariencia anodina de empleado gris que nunca levanta sospechas. Pero sus dedos, bajo la superficie, bailaban una danza peligrosa.
Las últimas semanas habían sido buenas para él. Muy buenas. La confianza de sus superiores había crecido, y con ella, los accesos. Ya no era solo un empleado de nivel medio con permisos limi