La noche había caído sobre el hospital, trayendo consigo un silencio denso, apenas roto por el pitido rítmico de los monitores y el lejano rumor de los pasillos. Mateo dormía profundamente, su pequeño pecho subiendo y bajando con regularidad, la fiebre finalmente controlada. Bianca seguía en la silla junto a la cama, su mano aún aferrada a la de su hijo, aunque él había aflojado el agarre al caer en un sueño profundo.
No podía moverse. No quería moverse.
Había algo en estar allí, en esa habitac