La noche en el hospital se había vuelto más tranquila después de la confesión de Mateo. Los médicos habían confirmado que la fiebre estaba controlada y que el niño solo necesitaba descanso. Bianca permanecía en la silla junto a la cama, agotada pero sin querer moverse de allí.
La puerta se abrió suavemente. Luciano asomó la cabeza con cautela, sus ojos buscando los de ella.
—¿Puedo pasar? —preguntó en voz baja.
Bianca lo miró un momento. Vio el cansancio en su rostro, las ojeras profundas, la r