La mañana avanzaba con un ritmo frenético dentro del edificio López & Asociados. Empleados corriendo de un lado a otro, llamadas entrando sin parar, impresoras zumbando y el sonido constante de tacones sobre el piso encerado. Bianca llevaba apenas dos horas en la empresa y ya sentía la presión en los hombros, pero también la energía de estar en el lugar al que siempre había pertenecido.
Había revisado informes, firmado documentos atrasados, activado procesos que semanas atrás estaban estancados