Dos días. Solo cuarenta y ocho horas separaban a Bianca del regreso a casa, a la guerra silenciosa que sabía libraba Luciano. El contra-informe estaba listo, aprobado, y ahora solo era cuestión de esperar un último trámite burocrático. El tiempo, antes tan apremiante, ahora pesaba como plomo. Cada hora de más en Bruselas era un espacio para que la confusión sembrada entre ella y Alberto echara raíces más profundas, para que el malentendido sobre Luciano se solidificara en una mentira histórica.