La suite en Bruselas parecía más silenciosa que nunca después de que la puerta se cerró tras ella. Bianca dejó la carpeta pesada sobre el escritorio y se quitó los zapatos de tacón con un suspiro que venía desde los huesos cansados. El reencuentro con Alberto había sido un terremoto emocional inesperado, y aunque había salido firme de él, el suelo aún parecía moverse levemente bajo sus pies. No era duda, no era arrepentimiento. Era el eco de un pasado que se despedía para siempre, y la sacudida