Luciano respiró hondo, tratando de bajar la adrenalina. La oficina de la directora había quedado en silencio tras la tormenta que él mismo había desatado, y aunque Bianca ya estaba calmándose, él sabía que aún quedaba una cosa pendiente.
Se inclinó hacia ella, le rozó suavemente el brazo y dijo:
—Cariño, espérame aquí un momentico, ¿sí? Solo un momento.
Bianca asintió sin sospechar nada, todavía protectora, con Mateo abrazado a su pierna como si temiera que algo más pudiera suceder.
Luciano se