La noche había envuelto la mansión López en un silencio denso y acogedor. Arriba, en la suite principal, el mundo exterior con sus amenazas financieras y sus intrusas amnésicas parecía haberse desvanecido, reducido a un susurro lejano. Las luces estaban apagadas, solo el resplandor tenue de la luna llena se filtraba por las persianas, pintando franjas plateadas sobre la alfombra.
Bianca estaba acostada de lado, su espalda contra el pecho de Luciano. Él la tenía rodeada con un brazo, su mano gra