El almuerzo en el café con vistas a los estanques de lirios fue otra prueba de resistencia. Bianca eligió la mesa, cerca de la barandilla. Manejó la orden con naturalidad, preguntándole a Mateo qué quería, incluyendo a Gabriela con una cortesía que era impenetrable. La conversación giró en torno a lo visto, y Bianca se aseguró de dirigirla, haciendo preguntas a Mateo que requirieran respuestas más largas, reclamando su atención, estableciendo una conexión diádica que excluyera, sutilmente, a Ga