Las horas que siguieron a la tregua matutina tuvieron la cualidad tensa y cristalina de un vidrio recién templado: transparente, pero listo para estallar ante la menor presión. Bianca se retiró a su estudio, no para hacer una llamada, sino para respirar, para asentar los cimientos de la determinación que acababa de mostrar. Desde su ventana, veía el vasto jardín de la mansión, otro territorio que sentía amenazado. Pero hoy no. Hoy el campo de batalla sería neutral.
A las once en punto, bajó. Ib