La puerta del nuevo despacho de Raúl se cerró con un suave clic de precisión alemana. Permaneció inmóvil un instante, la palma de la mano aún apoyada en la fría superficie de madera lacada, como si necesitara confirmar la barrera física entre él y el resto del mundo. La habitación olía a nuevo: a tela de mueble sin estrenar, a alfombra recién instalada, a aire acondicionado circulando por conductos impolutos. Un aroma a oportunidad, sí, pero también a una trampa potencial cuyos mecanismos aún d