El mapa estelar, ahora completo, yacía sobre la alfombra como un testimonio de lógica aplicada. Pero Mateo no se había detenido. Había desarmado una sección del borde, no por frustración, sino por una necesidad metódica de reordenar, de probar nuevas combinaciones. Sus dedos movían las piezas con una calma hipnótica: clic, clac, giro, rechazo. Cada movimiento era pausado, deliberado. Era evidente que su mente, aguda como un diamante, estaba enfocada en algo mucho más complejo que el cartón impr