Habían pasado varios días desde el incidente.
Días tranquilos, en apariencia.
Gabriela comenzó a levantarse más temprano, a caminar un poco más erguida, a sonreír con menos esfuerzo. Ya no se recostaba a cada momento ni fingía mareos constantes. Incluso empezó a hacer pequeñas tareas en la mansión.
—Es para no sentirme inútil —decía con voz suave cuando alguien le preguntaba—. No quiero ser una carga.
Bianca la observaba a la distancia, con cautela. No confiaba del todo, pero tampoco podía nega