El pitido constante de los monitores llenaba la habitación, marcando un ritmo que parecía ajeno al drama que se estaba gestando dentro de esas paredes blancas.
—Vamos a dejarla hospitalizada por al menos cuarenta y ocho horas —dijo el médico con tono firme—. Necesitamos mantenerla en observación, controlar los niveles de hemoglobina, vigilar la respuesta de su cuerpo y asegurarnos de que esté estable antes de pensar en darle el alta.
Bianca asintió de inmediato, con el ceño fruncido y los ojos