El hospital parecía más frío ese día.
No era solo el aire acondicionado ni el olor a desinfectante que se metía en los pulmones. Era esa sensación amarga, constante, de que algo estaba fuera de lugar. Bianca caminaba despacio por el pasillo, con un vaso de café ya frío entre las manos, sin darse cuenta de que no había probado ni un sorbo.
Desde la puerta entreabierta de la habitación podía ver a Mateo dormir. Tenía el rostro pálido, más delgado que hacía apenas unas semanas, y un pequeño apósit