Al entrar al auto, Mora esperaba todo tipo de reclamo de parte de Amadeo.
Así sucedió.
En el asiento de adelante iban los custodios, que se habían enterado que la joven y hermosa mujer era el motivo actual de disputa entre los dos empresarios.
Ellos también, como los custodios de Piero, eran sordos, ciegos y mudos en lo que respecta a su jefe.
-Ahora me vas a explicar muy clarito, por qué me mentiste.
-No te mentí, te dije que estaba acompañando a mi alumna en el velorio de su madre.
-Primero,