—¡Oh, por la diosa! ¡Es hermosa! —chillaron las hermanas de Dantes al ver a Dafne, quien tenía las mejillas rojizas y se mantenía pegada a su madre mientras sus tías morían de ternura por la pequeña—. ¡Ay, es idéntica a Dantes! Nos ha alegrado mucho la noticia de tu regreso, y más aún porque nuestro hermano no la ha pasado muy bien que digamos —susurró al final, provocando que la loba se sintiera un poco mal por lo que había vivido el príncipe.
—No creas que te estoy echando esto en cara, cielo