—Es impresionante dónde hemos terminado —murmuró Gunnar, observando desde la ventana de la habitación que le habían cedido, con una vista hacia la ciudad de Seattle—. La realeza se da lujos, ¿de dónde tanto dinero? —interrogó.
—Son la realeza por algo. Te recuerdo que también se dedican a las drogas y el tráfico de armas —informó Sven antes de llevarse un puñado de frutos secos a la boca.
—Italianos…
—Sicilianos, de hecho —corrigió, alzando los hombros—. Leonardo Marchetti fue un buen líder de