En la habitación, Dantes se encargó de deshacerse de toda la ropa de Lirio, dejándola completamente desnuda ante sus ojos. Ya no había ninguna marca en la piel blanca de la loba, excepto por la mordida en su cuello, señal de que estaba marcada.
—Quédate aquí —ordenó, mientras entraba al vestidor. Como en la mansión en Sicilia, Dantes tenía una sección completa de objetos para dar placer detrás del espejo. De todo lo que había, tomó un vibrador, pinzas para pezones, esposas de cuero, aceite y un