Ella abrió los ojos con sorpresa, sin poder creer lo que él acababa de decirle. No pensaba que algo así pudiera suceder, ya que se suponía que él había estado tomando precauciones para evitarlo.
—Pero… tú… ¿cómo? —balbuceó mientras ladeaba el rostro. Dantes pasó una mano por su cabello, visiblemente frustrado.
—Fue mi culpa, entre el accidente y el regreso aquí, lo olvidé por completo —murmuró, sintiéndose apenado por primera vez en mucho tiempo. La expresión de la loba fue todo un poema al ver