Damon
El bosque está en silencio, demasiado silencio. El susurro habitual de las hojas al viento, el canto discreto de los pájaros nocturnos — todo ha desaparecido. La calma es opresiva, como si la naturaleza misma contuviera la respiración ante lo que se avecina.
Camino al frente, sosteniendo firmemente la mano de Alina en la mía. Su calor palpita contra mi palma, y a pesar de la amenaza que pesa sobre nosotros, siento una extraña serenidad al tenerla cerca.
Ella me sigue sin decir una palabra