Alina
El frío muerde mi piel mientras permanezco inmóvil en el bosque, mis brazos rodeando mi cintura en un intento desesperado de calentarme. El eco de los pasos de Damon se ha desvanecido hace tiempo, pero su ausencia me quema más cruelmente que el viento helado que se filtra a través de mi vestido ligero.
Mi corazón aún late a un ritmo frenético. La sensación de sus labios sobre los míos, de sus manos ardientes recorriendo mi piel, está grabada en mi memoria. Y sin embargo, él se ha ido. Una