Ezra
Estoy solo.
Al menos, eso es lo que creía.
Un susurro me hace levantar la cabeza. Una sombra se desliza entre los árboles, rápida, inasible. Me quedo inmóvil, mis sentidos agudizándose de inmediato. Mi instinto lupino se tensa, una vibración recorre mis músculos.
— Muéstrate.
Mi voz resuena en la noche, áspera y cortante. El susurro se intensifica, las hojas tiemblan, y la sombra se detiene.
— No puedes esconderme tu olor.
Una risa baja se eleva entre los árboles. Luego, una figura emerge