Alina
La noche está silenciosa. Demasiado silenciosa.
Abro lentamente los ojos, sintiendo un calor difuso que me envuelve. Mi cuerpo es pesado, pero un pulso suave y regular late en mi pecho. El dolor ha desaparecido, reemplazado por una extraña sensación de vacío… y de plenitud.
Estoy viva.
Mi mano se desliza lentamente sobre las sábanas de seda. Un aliento cálido acaricia mi nuca, seguido de una mano poderosa que se posa en mi cadera.
— Alina…
Su voz es grave, áspera, marcada por una fatiga q