Dos semanas después del ritual, la biblioteca parecía haber recuperado la normalidad. Pero Mateo sabía que eso era solo una ilusión.
Estaba solo en el sótano, mirando la placa de mármol. La superficie ya no brillaba. No había brisa plateada. No había ninguna señal de Valeria. Era como si realmente se hubiera ido para siempre.
Sin embargo, algo seguía sin estar bien.
Cada noche, Mateo se despertaba con la misma sensación: alguien lo observaba. No era Kael completo, pero tampoco era paz. Era algo